LITURGIA DE LA PALABRA DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO Y SAN JUAN BAUTISTA

SAN JUAN BAUTISTA

NOTAS EXEGÉTICAS

        lectura: Isaías 49,1-6. Te hago luz de las naciones

            El segundo de los cánticos del “Siervo” en el Deutero-Isalas, habla de un per­sonaje que es difícil de identificar. Se han propuesto diversos nombres. ¿Es un individuo? ¿Ciro? ¿Un profeta? ¿Un grupo al que se le da el nombre de “Israel” o de “Jacob”? Lo cierto que es que hace referencia a alguien elegido y llamado por Dios a una misión, desde el mismo momento en que comenzó a existir. Cuando todavía estaba “en el vientre”, en “las entrañas maternas”, su nombre fue pronunciado por Dios.

            La elección divina conlleva el don de la misma palabra de Dios en la boca del llamado, palabra que es “espada” y “flecha”, arma para combatir de lejos y de cerca. Dios no solamente lo llama, sino que le ofrece protección con la ternura de un padre o de una madre, “a la sombra de su mano”, y se complace en llamarlo “mi siervo”, título que la Biblia da a quienes colaboran con los planes de Dios. Después de algún tiempo el siervo elegido experimenta la desilusión y el cansancio, el aparente fracaso de la propia misión: “en vano me he cansado.. en nada he gastado mis fuerzas” (v. 4). Purificado por la prueba, la fe le abre a una nueva experiencia de Dios, que no solamente le renueva la vocación, sino que le alarga el horizonte de la misión más allá de las fronteras de Israel. Deberá ser “luz de las naciones” para que la salvación de Dios llegue “hasta el confÍn de la tierra” (v. 6).

            lectura: Hechos 13,22-26. Antes de que llegara Cristo, Juan predicó

            Este texto forma parte de un discurso de Pablo en Antioquia de Pisidia. Proclama a Jesús como Mesías, a la luz de las promesas hechas a David (1 Sam 16,12-13). Jesús es descendiente de David, que es descrito con fuertes rasgos positivos, convirtiéndole en tipo del futuro Mesías (Sal 89,20); Jesús fue enviado por Dios, como su mismo nombre lo indica, como “salvador” para Israel.

            Jesús fue un personaje histórico, precedido por el profeta Juan, que predicaba y bautizaba para llevar a la conversión a Israel. Pablo se detiene en el testimonio del Bautista al final de su vida. No ser digno de quitarle la sandalia a otro, no es solamente una declaración de humildad delante de Jesús. sino confesión de la propia incapacidad. Cuando alguien le quitaba la sandalia a otro, realizaba un acto simbólico que expresaba el hecho de adueñarse de un derecho del otro (Dt 25,5-10; Rut 4,7).

            lectura: Lucas 1,57-66.80. Juan es su nombre

            El nacimiento de Juan Bautista es totalmente don de Dios. Nace de Isabel, una madre estéril, y de Zacarías, un padre anciano (Lc 1,7). Su nacimiento es como una palabra pronunciada por Dios, que resuena más elocuente aún con el trasfondo del silencio de su padre Zacarías, sacerdote de Israel que se queda mudo por no fiarse totalmente de la promesa de Dios (Lc 1,20). La mudez de Zacarías se rompe cuando hay que ponerle el nombre a su hijo.

            De ahí la importancia dada al nombre del niño. Juan, Yohanán en hebreo (“Dios da su gracia”), indica la gracia transformadora de Dios y el esplendor del hombre transformado por esta gracia. Del silencio de Zacarías nace la última palabra profética de la Antigua Alianza, y de la esterilidad de Isabel nace el precursor de la vida perfecta ofrecida por Dios a su pueblo. Apenas escrito el nombre, Zacarías recupera el habla y comienza a bendecir a Dios. Una bendición que inaugura el tiempo nuevo de la salvación. Los vecinos se llenan de temor, un temor que nace de la fe y del estupor ante las acciones maravillosas del Señor (cf. Hch 2,43; 5,5). Los mismos vecinos participan de la gracia ofrecida por Dios en el niño, pues “corrió la noticia por toda la montaña de Judea” (v. 65). Se hacen misioneros de la gracia ofrecida por Dios, anunciadores del evento revelador de Dios que prepara la próxima llegada del reino.

            Al final el evangelista nos ofrece dos noticias más (v. 80). Una referente a la niñez y adolescencia de Juan: “iba creciendo y su carácter se afianzaba”; la otra, en relación con su estilo de vida y misión: “Vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel”. Juan encarna la gratuidad y la entereza de la vocación profética, la humildad de quien ha sido enviado y vive al servicio de Dios, y la fidelidad y radicalidad de quien asume su propia vocación y misión sin cortapisas ni dobleces hasta las últimas consecuencias.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

ORIENTACIONES

* SITUACIÓN EN EL AÑO LITÚRGICO

            Es una suerte que alguna vez la fiesta del nacimiento del Precursor caiga en domingo, porque así puede ser mejor conocido este personaje central del Nuevo Testamento. La fecha de hoy no es casual, sigue la cronología del evangelio de Lucas que, en el episodio de la anunciación a María, celebrado litúrgicamente justo nueve meses antes de la Navidad, dice que Isabel, la madre de Juan, “ha concebido un hijo, y ya está de seis meses” (1,36). Pero hay otra razón. Lo que Juan predicaba: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya” Jn 3,30) encuentra una expresión tangible en la celebración litúrgica del nacimiento del Bautista en el solsticio de verano, cuando el día empieza a acortarse (el 24 de junio —mes que sólo tiene treinta días— es octavo kalendas en la manera romana de contar, igual que los veinticinco de marzo y de diciembre, meses que tienen treinta y uno).

                * VALOR DE LA FIESTA DEL NACIMIENTO

            Con María (8 de septiembre), Juan es el único santo del cual se celebra el nacimiento. El motivo de la alegría de la fiesta de hoy (“concede a tu familia el don de la alegría espiritual”, colecta) ya viene motivado por las palabras de Gabriel a Zacarías (“te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento” Lc 1,14) y del mismo Jesús (“no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan Bautista” Mt 11,11). Los dos primeros capítulos de san Lucas son un tejido continuo de paralelismos entre el Precursor y el Mesías. Evidentemente, para subrayar la grandeza del Mesías, pero sin ahorrar los elogios al Precursor. Es justo, pues, que la Iglesia celebre su nacimiento.

            * VIDA DEL “PROFETA DEL ALTÍSIMO” (Lc 1,76)

            Como en la figura de Jesús, no todo acaba con la gloria del nacimiento. Juan Bautista tiene un currículum resumido admirablemente en el prefacio de la solemnidad. También es posible, a partir de este texto, predicar la homilía glosando los cuatro grandes momentos de la vida del Precursor: “saltó de alegría en el vientre de su madre…, su nacimiento fue motivo de gozo…, mostró a la gente el Cordero…, y él dio, por fin, su sangre”. No hay duda de que Jesús aprendió mucho de Juan: compartió la vida de oración y ayuno y escuchó sus enseñanzas; quedó admirado del estilo de vida austero que Juan llevaba; los primeros discípulos que tuvo procedían de Juan; el mensaje de Jesús se inspiró en el del Bautista. Podríamos decir que Jesús fue un discípulo aventajado de Juan, pero, precisamente por esto, se desmarcó de él: Juan predicaba la justicia de Dios, Jesús quiso más bien mostramos su rostro misericordioso.

            * DEL BAUTISTA AL BAUTISMO

            Considerado el sobrenombre de Juan, también hoy es un día para subrayar el valor del bautismo. El momento álgido de la vida de Juan fue el bautismo de Jesús; los evangelios lo presentan como una de las grandes teofanías. Evidentemente, el bautismo de Jesús tuvo un sentido distinto del nuestro: él, el justo; nosotros, pecadores; él, bautizado en solidaridad con los pecadores; nosotros, bautizados en el nombre de la santa Trinidad.

            Pero para nosotros es el punto de partida de nuestra filiación divina, de nuestro seguimiento de Jesús. La figura del Bautista, en constante referencia al Mesías y con el testimonio de la verdad hasta la muerte, tiene que hablar a los cristianos de todos los tiempos.

 BERNABÉ DALMAU

PROYECTO DE HOMILÍA

· (“Juan es su nombre”)

            Queridos hermanos, celebramos hoy la solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista. Celebrarla en domingo indica la importancia que la misión de Juan tiene en la historia de la salvación.

            El nacimiento del Bautista es motivo de alegría y de respeto para todo el pueblo, debido a lo que el ángel dijo a su padre Zacarías al anunciar su nacimiento: “Será grande a los ojos del Señor… convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios».

            Juan el Bautista nace fuera de tiempo del seno de una mujer, por la edad de Isabel, y en el momento oportuno para el tiempo de salvación, ya que Dios prepara para el tiempo oportuno a sus mensajeros.

            Juan es un personaje incómodo para los inmovilistas ante la llamada del Señor a la conversión y, al mismo tiempo, es atractivo para los que buscan a Dios con corazón sincero.

            El estilo de vida del Bautista responde claramente a la de aquel hombre que no ha buscado hacer su propia voluntad sino que consagrado al Señor es un clamor del mismo Dios por vivir en verdadera expectativa ante la llegada de aquel que será luz de las naciones, el Mesías de Dios.

            ·(Un espíritu profético para nuestros días)

            La fiesta que hoy celebramos nos tiene que ser una luz para la pastoral actual de nuestra iglesia impregnada de temores que no son don del Espíritu Santo.

            El Espíritu profético que acompaña a Juan Bautista es absolutamenbe necesario en nuestros días:

—                 Espíritu de consagración radical al Señor por parte de los que nos consideramos pastores de las comunidades que se nos han confiado.

—                 Espíritu de austeridad al predicar la buena noticia del Evangelio de Jesucristo.

    —                 Espíritu de claridad en la exposición del mensaje que la misión de la Iglesia nos ha confiado.

            Espíritu de honestidad en la hora de indicar dónde se encuentra el único que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

—                  Espíritu de misericordia ante los que buscan a Dios con corazón sincero.

—                 Espíritu de denuncia allí donde se desee manipular la verdad del Evangelio y su Iglesia para rebajar la exigencia de la vida cristiana.

—                 Espíritu de saber menguar para que él crezca…

            La celebración cristiana de la fiesta de hoy es una buena ocasión para pedirnos unos a otros, pastores y fieles, fidelidad a la misión que por el bautismo hemos recibido del Señor.

            Es absolutamente engañoso que atraiga más lo flojo y lo que se confunde con los criterios negativos de nuestro mundo, que la exigencia salvadora del camino de Cristo. ¡Por sus frutos los conoceréis! Por tanto, abramos los ojos y contemplemos dónde se da la vida, y por tanto la esperanza, y dónde el desierto, y por tanto la muerte.

            La fiesta de hoy sigue siendo una verdadera oportunidad para reconducir la vida personal y comunitaria hacia la verdad de lo que significa la vida cristiana.

            La Eucaristía que celebramos fortalece la vida eclesial para que, como san Juan Bautista, nada ni nadie encadene la Palabra de Dios que hemos recibido y que estamos llamados a transmitir para que el mundo encuentre a aquel de quien no somos dignos de desatarle las sandalias y es asimismo Amigo y Compañero de camino. Amén.

FELIP-JULI RODRÍGUEZ

DOMINGO XI  TIEMPO ORDINARIO

NOTAS EXEGÉTICAS

            lectura: 2 Samuel 12,7-10.13. El Señor ha perdonado tu pecado.

            Después que David ha actuado en modo reprobable y vergonzoso, asesinando a Urías y cometiendo adulterio con la esposa de éste (2 5am 11), el profeta

            Natán se hace portavoz de Dios para condenarlo por su pecado. Natán pronuncia un oráculo, que comienza recordando los beneficios recibidos de Dios y concluye con la denuncia y condena de la acción cometida.

            Natán le recuerda a David que el Señor lo ha elegido gratuitamente, le ha concedido innumerables victorias, lo ha bendecido en todo y está dispuesto a seguir bendiciéndolo; David, en cambio, con el adulterio y el crimen de Unas, ha “despreciado la palabra del Señor”, pues “ha hecho lo que a él le parece mal” (v. 9). El discurso de Natán interpreta teológicamente la conducta de David. No es a Urías a quien ha ofendido, sino al Señor (Sal 51,6). No se trata solamente de un problema moral, sino de una ruptura de la relación con el Dios que lo ha amado y elegido.

            Iluminado por la palabra profética, David responde escuetamente: “¡He pecado contra el Señor!”. Ha descubierto la verdad más profunda de lo que ha hecho y confiesa su pecado. Natán le comunica que el Señor lo perdona y que no morirá (v. 13). La palabra de Dios, aun cuando denuncia y acusa el pecado del hombre, busca siempre salvar y dar vida.

            lectura: Gálatas 2,16.19-21. Cristo vive en mí.

            Pablo insiste en uno de los principios teológicos fundamentales de su pensamiento: el hombre es justificado ante Dios por medio de la fe y no por cumplir los preceptos de la Ley. La nueva relación con Dios, obtenida a través del perdón en Cristo Jesús, es un don gratuito; la Ley podía indicar la transgresión, pero no comunicar el perdón y el amor de Dios (v. 16).

            Ha muerto a la Ley y ahora realmente “vive para Dios” (v. 19). Ahora vive en comunión de fe y de amor con Cristo en su gesto supremo de amor: “estoy crucificado con Cristo”. Su vida terrena se define como vida de fe en el Hijo de Dios, “que me amó y se entregó por mi”; más aún, su vida se identifica con la misma vida de Cristo actuando eficazmente en él (v. 20).

   lectura: Lucas 7,36-8,3. Tu fe te ha salvado, vete en paz.

            Jesús está comiendo en casa de un fariseo, cuando inesperadamente una mujer anónima llega con un vaso de perfume y, llorando, comienza a besar los pies de Jesús y a ungírselos con el perfume. El gesto de la mujer escandaliza al fariseo, que piensa para sus adentros: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora” (v. 39). La narración tiene algo de ironía. Mientras el fariseo pone en duda la condición profética de Jesús, porque cree que éste ignora qué clase de mujer es aquella, Jesús actúa proféticamente, leyendo incluso los pensamientos que surgen en el corazón del fariseo.

            Jesús no se deja condicionar por la actitud escandalosa e hipócrita del fariseo e intenta por medio de una parábola iluminar el hecho para desmontar la actitud soberbia de aquel que lo había invitado a comer. El interés de Jesús no es tanto la pecadora, que de hecho ha sido perdonada. Jesús le dice, en efecto, a la mujer: “Tus pecados están perdonados” (v. 48).

            En la parábola Jesús habla de dos deudores. El primero simboliza a la mujer que posee una viva conciencia de su pecado y del infinito perdón recibido y por eso se manifiesta llena de amor y agradecimiento; el segundo es el fariseo que, convencido de la superioridad de sus méritos es incapaz de ver sus pecados, no sabe vivir su relación con Dios con la intensidad de un amor grande y agradecido.

            En la parábola y en la aplicación que de ella hace Jesús, se ha visto siempre una extraña incoherencia: la mujer ama mucho porque se le ha perdonado mucho (parábola); se le ha perdonado mucho porque ha amado mucho (aplicación). La incoherencia puede ser superada si se tiene en cuenta que amor y perdón son dos realidades correlativas. En la Biblia el arrepentimiento supone un acto de amor hacia Dios, a quien se ha ofendido con el pecado, pero al mismo tiempo supone una experiencia gratuita de amor, en el sentido de tener conciencia de ser amado, atraído y fascinado por el amor de Dios que perdona. Quien ha sido perdonado, ha restablecido su relación con Dios a través de su perdón amoroso; al mismo tiempo, expresa el perdón recibido con un amor agradecido. El perdón supone el amor (de Dios) y se expresa en el amor (a Dios).

SILVIO JOSÉ BÁEZ

ORIENTACIONES

            * SOBRE LA EUCARISTÍA, TODAVÍA

            Entre Corpus y la fiesta de San Juan, este año tenemos este domingo, que quizá puede resultar difícil de enmarcar, separado como está de la larga serie de domingos del tiempo ordinario. Una posibilidad para posicionarlo es ver el texto evangélico de hoy en continuidad con la fiesta de Corpus.

            Efectivamente, nos presenta a Jesús en la mesa en casa de un fariseo. Para Jesús —criticado por sus enemigos porque participaba en banquetes— las comidas eran momentos no sólo de hermandad sino también de revelación de los designios del Padre. En este sentido, todas las comidas tienen una prefiguración eucarística (no sólo la multiplicación de los panes, sino también Caná, Jericó, Betania, Emaús…). Hoy el tema de la-pecadora-perdonada-porque-ama-mucho nos puede sugerir la Eucaristía como perdón de los pecados y como sacramento del amor. Y, ¿por qué no? como “misterio de la fe”: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”. Nunca insistiremos bastante en la gratuidad del don de Dios, que, por contraste, resalta, aún más, nuestra condición de pecadores. Pero la confianza de la mujer también puede ser fuente de consuelo para el creyente que se acerca a la Eucaristía. Cuanto más ama, más recibe el perdón y más profundiza en el misterio del Dios amor.

            * UN EJEMPLO DEL ANTIGUO TESTAMENTO Y UNO DEL NUEVO

            Profundizando más en el tema del pecado —que es propio de la humanidad de todos los tiempos— nos puede ayudar el ejemplo de la primera lectura, en la que vemos el arrepentimiento instantáneo y convencido de David (“¡He pecado contra el Señor!”) y el perdón que Dios ofrece con la máxima generosidad (“El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás”).

            El salmo es como un eco de estas actitudes de arrepentimiento del pecador y de perdón por parte de Dios: “Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado… Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito. Propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado”.

            Por su parte, el testimonio personal de cómo vivía san Pablo las consecuencias de su fe en Cristo (2ª lectura) pone a un nivel altísimo, pero no inalcanzable, a quien cree en Jesucristo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mi”.

            * LA SOBREABUNDANCIA DE LA GRACIA

            La enseñanza de las lecturas puede ser completada por la afirmación de la oración colecta: “El hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia”. El ser humano es frágil, débil, pecador, pero sabe que Dios no tiene limites en su amor y que él mismo se da a quien sabe reconocer la propia indigencia.

BERNABÉ DALMAU

PROYECTO DE HOMILÍA

· (Dichoso el que está absuelto de su culpa)

            Queridos hermanos, el salmo 31, rezado después de la primera lectura, pue­de ser un buen punto de partida para la meditación de la Palabra de Dios que ahora mismo se ha proclamado y que hemos acogido con corazón abierto y sincero.

            Verdaderamente es un hecho maravilloso la misericordia de Dios para aquellos pecadores que habiendo reconocido el pecado en sus vidas piden con corazón sincero el perdón de sus pecados.

    —                El texto del libro de Samuel que hemos escuchado, nos habla de la misericordia de Dios ante la sinceridad del arrepentimiento de David por su pecado de abuso de autoridad como rey, tomando posesión de la mujer de Unas y enviando a éste a la muerte. La denuncia del pecado de David por parte de Dios a través del profeta Natán tiene como consecuencia aquella dinámica de reconocimiento, arrepentimiento y petición de perdón por la culpa cometida por David y la respuesta de absolución por parte del Señor.

    —                En el Evangelio vemos a la mujer que ama mucho porque son muchos los pecados que le han sido perdonados, marchándose ésta perdonada y en paz por el Señor, y esto ante el juicio crítico del fariseo que invitó a Jesús en su casa.

    —                San Pablo nos ayuda a profundizar en lo que verdaderamente es el motivo del perdón de nuestras culpas: la fe en Jesucristo. La adhesión total de nuestras vidas a la vida de Cristo es el porqué de nuestra justificación, ya que él nos amó y se entregó hasta dar su vida en la cruz, por el perdón de nuestros pecados.

            · (Agradecidos al Dios que es Amor y que nos perdona)

            Es para todos motivo de agradecimiento saber que nuestro Dios es Amor, que perdona todas nuestras culpas. También es para todos motivo de responsabilidad decir y decirnos que la presencia del pecado en nuestras vidas es real, que nos hace daño, daña a los hermanos y ofende a Dios. Si en algo nos ayuda la acogida de la Palabra de Dios es porque ilumina el interior de nuestras vidas, las juzga y las salva, porque nuestro Dios, el Dios de Jesucristo, no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva salvo.

            El sacramento del Perdón de Dios, de la Reconciliación, de la Penitencia… es don del Señor para los miembros de la Iglesia, en la que encontramos el perdón de los pecados. La asiduidad en la celebración de este sacramento quiere decir ser consciente de la misericordia de Dios hacia mi vida de cristiano necesitada de perdón por las propias incoherencias.

            Continuamos la celebración de la Eucaristía. La hemos iniciado pidiendo perdón por nuestros pecados, por las infidelidades de los hijos de la Iglesia y por los pecados de todo el mundo. Luego hemos gustado la misericordia de Dios a través de su Palabra. Ahora daremos gracias por tanto amor por parte de Dios hacia la humanidad, y luego, participando de esta Eucaristía en la comunión, pediremos que se realice en nosotros lo que san Pablo vivía en su vida: Es Cristo quien vive en mí

            Jesús dijo a la mujer perdonada: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”. También a nosotros se nos dirá al final de la misa: “Podéis ir en paz”, que viene a significar: y ahora también vosotros, perdonados por Dios, en nombre del Señor y de la Iglesia, sed también embajadores de reconciliación en medio del mundo. Amén.

FELIP-JULI RODRÍGUEZ

El día del Señor

Desde la óptica de la liturgia, hemos escogido con especial gratitud, e incluso con cierta sorpresa, la carta apostólica de Juan Pablo II «Dies Domini», el día del Señor, toda ella dedicada al tema del Domingo.

         Esta carta representa una auténtica novedad en el magisterio pontificio: es la primera vez en la historia de la Iglesia que un Papa dedica explícitamente todo un documento a este tema del domingo.

          El contenido de la Carta está en perfecta linea con la doctrina del Vaticano II que, en su constitución sobre la sagrada liturgia, dedica al domingo un número (cf SC 106), rico de reminiscencias bíblico-teológico-litúrgicas. Esta carta del Papa se puede considerar como una explicación de lo que estaba dicho en forma mucho más breve en el texto conciliar.

          Con este documento, el Santo Padre se dirige en particular a los pastores de la Iglesia para apoyar su labor pastoral en un sector tan vital como es el de la vivencia cristiana del domingo. También se dirige a todos los fieles, queriendo, de algún modo, hacerse » presente en cada comunidad donde todos los domingos os reunís para celebrar la Eucaristía y el Día del Señor».

          El Papa confiesa también, al principio de su discurso, cómo muchas de las reflexiones y sentimientos que inspiran esta carta han madurado durante su servicio episcopal en Cracovia, y luego, después de asumir el ministerio de obispo de Roma, «en las visitas a las parroquias romanas, efectuadas precisamente de manera regular en los domingos de los diversos períodos del año litúrgico». De esta forma, Juan Pablo II desea proseguir el diálogo vivo que suele mantener con los fieles «reflexionando sobre el sentido del domingo y subrayando las razones para vivirlo como verdadero Día del Señor, incluso en las nuevas circunstancias de nuestro tiempo» (cf Dies Domini, n. 3).

          Recordando el solemne y emotivo llamamiento dirigido el 22 de octubre de 1978 en la plaza de san Pedro, al iniciar solemnemente su pontificado: «¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!«, Juan Pablo II invita con fuerza a todos «a descubrir de nuevo el domingo». Y lo hace con las palabras que recuerdan aquel día 22 de octubre: «¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo!«, Cristo Jesús, Señor del tiempo y de la historia, tiene todo el derecho a que le abramos nuestro tiempo, para que él lo pueda iluminar y dirigir. Es hermosa esta invitación del Papa, a la hora de pasar a reflexionar, en cinco capítulos, sobre «las motivaciones doctrinales profundas» que hacen actual y necesaria una nueva profundización del domingo cristiano. Y así, como una filigrana, el Papa va desarrollando, con lenguaje bíblico, teológico, pero accesible para todo el que se acerca al documento con interés y buena voluntad, todas estas motivaciones.

          En el primer capítulo habla del Día del Señor, día en que los cristianos queremos celebrar de manera especial la «obra del Creador». Todo el capítulo podría definirse casi como un nuevo «cántico de las criaturas», escrito además con un buen estilo no sólo bíblico, sino también poético.

          Contrariamente a cuanto apareció en algunos medios de comunicación, el discurso del Santo Padre sobre el domingo cristiano y sobre el domingo en general refleja la «luz positiva sobre cada elemento del universo», característica de la narración de los primeros capítulos del Génesis. Todo el capítulo es una invitación insistente a disfrutar de las obras de Dios, a participar y compartir el mismo gozo de Dios cuando pudo constatar que todo lo que había creado «era muy bueno». Esta es, en efecto, la tónica dominante en el primer capítulo de la carta apostólica: invitación a la alegría, al descanso, a la contemplación gozosa y admirada de la obra de Dios.

          El Papa subraya cómo en el «gozoso descanso del Creador», el día séptimo, en la economía de la primera Alianza, encontramos una preparación y preludio del domingo, de la nueva y eterna Alianza. Todo ello, es decir, ambas Alianza, están incluidas permanentemente «en la profundidad del designio de Dios»( cf Dies Domini, n. 13).

          Desde la celebración del sábado judío, día memorial lleno de agradecimiento y alabanza a Dios por las maravillas realizadas en la creación y en la historia del pueblo elegido, resulta espontáneo el salto al domingo, «el primer día de la semana», el día después del sábado, el día en que tuvo lugar la maravilla de las maravillas de Dios: la resurrección del Señor Jesús.

          Del Día del Señor, se pasa así, en el segundo capítulo, al Día de Cristo. Todo lo que se ha dicho en relación al primer capítulo de la carta no es sino preludio y preparación para este segundo capítulo, en el que Juan Pablo II entra en el verdadero meollo y núcleo del contenido teológico-litúrgico del domingo.

          El Papa comienza citando a Inocencio I, papa que vivió en el siglo V; este da testimonio de una práctica consolidada ya a partir de los primeros años después de la resurrección, en la historia de la Iglesia: «Celebramos el domingo por la venerable resurrección de nuestro Señor Jesucristo, no sólo en Pascua, sino cada semana». La idea central de este capítulo, como por otra parte la clave para la comprensión del domingo cristiano, no es otra sino la resurrección del Señor Jesús, «el acontecimiento pascual del que brota la salvación del mundo». Es así como el domingo, el primer día de la semana, testigo de las apariciones del Maestro resucitado, ya desde muy pronto en la vida de la Iglesia, «comenzó a marcar el ritmo mismo de la vida de los discípulos de Cristo»( cf Dies Domini, n. 19).

         Ya no se trata sólo de un «descanso» en el que celebramos la obra del Creador, imitando su «descanso en el día séptimo» (el domingo no fue día de descanso hasta el siglo IV después de Cristo). Se quiere afirmar y se afirma claramente que el domingo «no es el sábado cristianizado», sino que posee una novedad fuerte y única. Dice el Papa: «A la luz de los textos (cf Lc 24,27. 44-47), la celebración del día de la resurrección asumía un valor doctrinal y simbólico capaz de expresar toda la novedad del misterio cristiano»( cf Dies Domini, n. 22).

          El domingo, «día de Cristo», «día de la Luz», es también «el día del don del Espíritu Santo», y por consiguiente, comenta Juan Pablo II, «día del fuego». Efectivamente, el primer don del Resucitado a sus discípulos la tarde de la Pascua, junto con la paz, fue precisamente la comunicación del Espíritu Santo: «Recibid el Espíritu Santo». Y «era también domingo cuando, cincuenta días después de la resurrección, el Espíritu, como viento impetuoso y fuego (cf Hch 2,2-3), descendió con fuerza sobre los apóstoles reunidos con María… La Pascua de la semana se convierte así como en el Pentecostés de la semana, donde los cristianos reviven la experiencia gozosa de los apóstoles con el Resucitado, dejándose vivificar por el soplo del Espíritu» ( cf Dies Domini, n. 28).

          El capítulo segundo de la carta apostólica, capítulo central, concluye con el número 30, que lleva un título importante, casi imperativo y, desde luego, coherente con todo el desarrollo de este capítulo y del anterior: «¡Un día irrenunciable!». El adjetivo es muy claro y no necesita ningún comentario. Parte de todo lo que el Papa ha dicho en su carta hasta este punto, y termina con una afirmación digna de ser subrayada: «A las puertas del tercer milenio, la celebración del domingo cristiano, por los significados que evoca y las dimensiones que implica en relación con los fundamentos mismos de la fe, continua siendo un elemento característico de la identidad cristiana».

LECTURAS DOMINGO I DE CUARESMA

Primera lectura
Creación y pecado de los primeros padres

Lectura del libro del Génesis (2, 7-9; 3, 1-7)

       El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.

       El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

       El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

       La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:

       — «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»

       La mujer respondió a la serpiente:

       «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.»»

       La serpiente replicó a la mujer:

       — «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como        Dios en el conocimiento del bien y el mal.»

       La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.

       Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

       Palabra de Dios

Salmo responsorial
Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
     por tu inmensa compasión borra mi culpa,
     lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
     tengo siempre presente mi pecado:
     contra ti, contra ti solo pequé,
     cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
     renuévame por dentro con espíritu firme;
     no me arrojes lejos de tu rostro,
     no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
     afiánzame con espíritu generoso.
     Señor, me abrirás los labios,
     y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura
Si creció el pecado, más abundante fue la gracia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5, 12-19)

       Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

       Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.

       Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

       Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno: el proceso, a partir de un solo delito, acabó en sentencia condenatoria, mientras la gracia, a partir de una multitud de delitos, acaba en sentencia absolutoria.

       Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo. Cuanto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.

       En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida.

       Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

       Palabra de Dios

Versículo antes del evangelio
Mt 4, 4b

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO
Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo (4, 1-11)

       En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

       El tentador se le acercó y le dijo:

       — «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en partes.»

       Pero él le contestó, diciendo:

       — «Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» »

       Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:

       — «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.»»

       Jesús le dijo:

       — «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios.»»

       Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:

       — «Todo esto te daré, si te postras y me adoras.»

       Entonces le dijo Jesús:

       — «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.»»

       Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

       Palabra del Señor

CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 14
San Cirilio y San Metodio
Lv 19, 1-2.11-18 Sed santos, porque yo, vuestro Dios, soy santo.
Sal 18, 8-10.15 Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Mt 25, 31-46 Venid, benditos de mi Padre; heredad el Reino.
Martes 15Is 55, 10-11. La palabra que sale de la boca de Dios no vuelve a Él vacía, sino que hace su voluntad.
Sal 33, 4-7. 16-19. El Señor libra de sus angustias a los justos.
Mt 6, 7-15. El Señor enseñó a orar. Hágase tu voluntad.
Miércoles 16Jon 3, 1-10. Los ninivitas creyeron en Dios y se convirtieron.
Sal 50, 3-4.12-13.18-19. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Lc 11, 29-32. El Hijo del hombre será un signo para esta generación.
Jueves 17
Los siete santos fundadores de los Siervos de María
Est 14, 1.3-5.12-14. El Pueblo de Dios sufre. Ester busca en Dios la ayuda.
Sal 137, 1-3.7-8. Señor, tu misericordia es eterna.
Mt 7, 7-12. Pedid y se os dará; llamad y se os abrirá, buscad y encontraréis
Viernes 18Ez 18, 21-28 Yo quiero que el pecador se convierta y viva.
Sal 129, 1-8 Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Mateo 5, 20-26 Si cuando vas a poner tu ofrenda ante el altar…
Sábado 19
San Policarpo,
Obispo y Mártir
Dt 26, 16-19. El Señor eligió a su Pueblo.
Sal 118, 1-8. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Mt 5, 43-48. Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Domingo 20
2º de Cuaresma
Gn 12, 1-4. Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios.
Sal 32, 4-5.18-20.22. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros.
2 Tm 1, 8b-10. Dios nos llama y nos ilumina.
Mt 17, 1-9. Su rostro resplandecía como el sol.

      

DOMINGO II DE CUARESMA

  • Palabra de Dios
  • Comentario
  • Calendario

Primera lectura
Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios

Lectura del libro del Génesis (12, 1-4a)

       En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:

       — «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostrare.

       Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición.

       Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»

       Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

       Palabra de Dios

Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R/. Que tu misericordia, Señor,
      venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
La palabra del Señor es sincera,
     y todas sus acciones son leales;
     él ama la justicia y el derecho,
     y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
     en los que esperan en su misericordia,
     para librar sus vidas de la muerte
     y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
     él es nuestro auxilio y escudo.
     Que tu misericordia, Señor,
     venga sobre nosotros,
     como lo esperamos de ti. R/.

Segunda lectura
Dios nos llama y nos ilumina

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1, 8 -10)

       Querido hermano:

       Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.

       Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

       Palabra de Dios

Versículo antes del evangelio

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre:
«Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo.»

EVANGELIO
Su rostro resplandecía como el sol

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo (17, 1-9)

       En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su, hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.

       Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

       Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

       Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

       — «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

       Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

       —«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»

       Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

       Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

       —«Levantaos, no temáis.»

       Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

       Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

       —«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

       Palabra del Señor

CALENDARIO LITÚRGICO

Lunes 21
San Pedro Damiani
Dn 9, 4b-10. Nos abruma la vergüenza porque hemos pecado contra ti.
Sal 78, 8-11.13. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Lc 6, 36-38. Perdonad y seréis perdonados. La medida que uséis la usarán con vosotros.
Martes 22
Cátedra de San Pedro
1 Pe 5, 1-4. Presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo.
Sal 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.
Mt 16, 13-19. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.
Miércoles 23
San Policarpo
Jr 18, 18-20. Venid, maquinemos contra el justo.
Sal 30, 5-6.14-16. Sálvame, señor, por tu misericordia.
Mt 20, 17-28. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Jueves 24Jr 17, 5-10. Maldito quien confía en el hombre.
Sal 1, 1-6. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Lc 16, 19-31. Había un hombre rico que vestía de púrpura. Había un mendigo llamado Lázaro
Viernes 25Gn 37, 3-4.12-13ª.17b-28. José vendido por sus hermanos.
Sal 104, 16-21. Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Mt 21, 33-34.45-46. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Sábado 26Mi 7, 14-15.18-20. El Señor se complace en la misericordia.
Sal 102, 1-4.9-12. El Señor es compasivo y misericordioso.
Lc 15, 1-3.11-32. El hijo pródigo volvió a la casa paterna
Domingo 27
3º de Cuaresma
Ex 17, 3-7. Danos agua de beber
Sal 94, 1-2.6-9. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón”.
Rm 5, 1-2.5-8. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.
Jn 4, 5-42. Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

NOTAS EXÉGETICAS

            lectura: Génesis 12,1-4a. Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios.

            Este relato ha sido considerado tradicionalmente por la teoría documentaria un texto clave de la fuente yavista, que ha visto el cumplimiento de la bendición de Abraham en la consolidación política del pueblo de Israel durante la monarquía de David y Salomón (s. X a.C.). Actualmente, sin embargo, se tiende a pensar que es un texto proveniente del tiempo del exilio o del postexilio (s. VI-V a.C.), cuyo objetivo sería presentar a Abraham como antepasado de los exiliados que volvían de Babilonia, legitimando su derecho a ocupar la tierra (cf. Ez 33,24).

            Dios da inicio a la historia de Israel, a partir de las generaciones postdiluvia­nas, fuertemente marcadas por el pecado (Gen 11) y que además, al final de Gen 1-11, parecen no tener futuro cuando se dice que Sara, la mujer de Abrán, es estéril (Gen 11,30). El resultado de toda la prehistoria bíblica (Gen 1-11) es el pecado y la esterilidad. En este mundo de negatividad y de muerte resuena poderosa la palabra de Dios, como al inicio de la creación. La palabra de Dios es mandato y promesa. Dios manda a Abrán ponerse en camino, abandonar lo conocido y romper con los lazos que le atan al pasado, hacia una tierra desconocida, en la que Él cumplirá su promesa: hacer de aquel hombre un gran pueblo, bendecirlo y convertirlo en bendición para todos.

            Responder a la llamada de Dios significa para Abrán entrar en un camino apa­rentemente contradictorio: recibir una descendencia abandonando la propia familia y con una mujer estéril; llegar a poseer una tierra siendo extranjero en una tierra desconocida. Dios le promete estar siempre de su parte y convertirlo en fuente y modelo de la bendición divina. Abrán confía en el poder de Dios, a pesar de lo incomprensible de sus caminos, e inicia el gran viaje de la fe (cf. Hek 11,8).

            lectura: 2 Timoteo 1,8b-1O. Dios nos llama y nos ilumina.

El autor de la carta exhorta a Timoteo a ser fiel a la propia vocación, recordando tres características de la vocación cristiana: es absolutamente gratuita, fundada en el amor de Dios y no en el mérito de nuestras buenas obras; es una llamada recibida “por medio de Jesucristo”, acogida como gracia pascual que se concretiza en la obediencia al evangelio; y, en tercer lugar, es una vocación que tiene como meta la santidad, es decir la plena comunión de vida con el Dios Santo.

             lectura: Mateo 17,1-9. Su rostro resplandecía como el sol.

            En el evangelio de Mateo el relato de la Transfiguración, como en los otros sinópticos, está colocado después de la profesión mesiánica de Pedro en Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20) y en el contexto de los anuncios del destino doloroso y humillante del Mesías (cf. Mt 16,21; 17,22).

            Como en las grandes teofanías del Antiguo Testamento (Ex 3; 19) todo acontece en “la montaña” (y. 1), espacio simbólico de la trascendencia y del mundo divino. De la misma forma que Dios “se envuelve de luz como de un manto” (Sal 104,2), los vestidos de Jesús se transfiguran llenos de luz resplandeciente (y. 2). Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías, que representan respectivamente a la ley y a los profetas. Es entonces cuando Pedro propone construir tres tiendas, “una para ti, otra para Moisés y otra para Elias” (y. 4), colocando a Jesús al mismo nivel de los mediadores de la antigua alianza.

            En este momento los cubre “una nube luminosa”, que recuerda la presencia de Dios en la tienda del encuentro y en el templo (cf. 1 Re 8,10-12), y se escucha la voz del Padre: “Este es mi Hijo, el amado, el predilecto. Escuchadlo” (y. 5). La nube luminosa y la voz divina, corrigen la interpretación de Pedro. Jesús es el Hijo, la verdadera “tienda” de la presencia divina, la palabra definitiva con la que llega a su culminación la historia de la salvación.

            La experiencia del Misterio provoca en los discípulos el temor reverencial que sobrecoge al hombre frente a lo divino (y. 6). Jesús, sin embargo, anticipando una frase típicamente pascual, los invita a no tener miedo (y. 7; cf. Mt 28,5.10). Al final solamente ven a Jesús, que interpreta el hecho y los invita a guardar en silencio lo vivido hasta que llegue su pleno cumplimiento con su resurrección de entre los muertos. Entre un evento y otro se sitúa la pasión y la cruz, cuyo significado glorioso se ha revelado anticipadamente en el monte.

SILVIO JOSÉ BAÉZ

ORIENTACIONES

            El domingo II de Cuaresma gira todo él en tomo a la transfiguración de Jesucristo. Este pasaje que escuchamos en el evangelio tiñe la celebración de hoy Así, desde el comienzo, la antífona de entrada suscita en nosotros la actitud de búsqueda del Señor (Buscad mi rostro); del Señor que se nos revelará en el evangelio. en la oración colecta y en el prefacio resuenan las palabras del evangelio de Mateo que hoy centran nuestra atención.

            * LA META HACIA DONDE CAMINAMOS

            La celebración de hoy no es una duplicación de la fiesta de la Transfiguración que celebramos el 6 de agosto. El 6 de agosto nos centramos única y exclusivamente en contemplar a Cristo transfigurado. Hoy es diferente. La transfiguración no es un fin, sino un medio del cual se sirve la liturgia para poner ante nuestros ojos el sentido de la Cuaresma. Nuestro camino cuaresmal se dirige a la contemplación del Señor resucitado para transfigurarnos nosotros a su imagen. Esa es nuestra meta. Nuestro deseo de conversión, nuestra oración, ayuno y limosna cuaresmal tienen aquí su sentido. De lo contrario se trata de pura ascesis antropocéntrica.

            Al igual que los discípulos subieron a la montaña, nosotros también estamos subiendo: subimos con Jesús a Jerusalén y más adelante subiremos con él al Calvario. Subir implica un esfuerzo y, por tanto, cuanto menos peso llevemos a nuestra espalda más cómodo será el ascenso. Es por eso por lo que debemos desprendemos de todo aquello que en nuestra vida nos impide acompañar ligeros a Jesús para contemplar su gloria e impregnarnos de él.

            * JESÚS ES DIOS HECHO HOMBRE

            En la transfiguración Jesús manifiesta su naturaleza divina. Los discípulos conocen el lado humano de Jesús. Los discípulos comparten la vida con Jesús, otro ser humano. Sin embargo Jesús es, además de hombre, Dios. Jesús así lo manifiesta a Pedro, Santiago y Juan. Jesús muestra su gloria divina y se mani­fiesta como el cumplimiento de la ley y los profetas. Las palabras del Antiguo Testamento tienen cumplimiento en él.

            La transfiguración es una llamada para que nosotros, los discípulos del siglo XXI, sigamos considerando esta doble naturaleza, humana y divina, de Jesucristo. La Cuaresma hace que muchas veces miremos únicamente la humanidad de Jesucristo: Jesucristo penitente, Jesucristo sufriente, Jesucristo agonizante… Resulta fácil para nosotros sintonizar con este Jesucristo-hombre. Y que apenas nos detengamos en Jesucristo glorioso, Jesucristo resucitado, Jesucristo constituido Señor (Kyrios)… Si bien es obvio que este aspecto resulta más fácil resaltarlo en el tiempo pascual, no debemos olvidar que Jesucristo-hombre y Jesucristo-Dios son la misma persona. Por tanto, cuando decimos que Jesucristo-hombre sufre, también sufre Jesucristo-Dios. E igualmente cuando decimos que Jesucristo-Dios resucita, también resucita Jesucristo-hombre. La virtud está en saber mantener el equilibro en nuestras celebraciones entre ambas naturalezas de la misma persona.

            · ESCUCHADLO

            La invitación que nos dirige Dios Padre en el evangelio es el mejor programa de conversión cuaresmal: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadio. Escuchar a Jesús y hacer realidad su mensaje en nuestra vida. Por tanto, quizá sería ésta una buena ocasión para invitar a los fieles a que en este tiempo de Cuaresma leyeran, por ejemplo cada noche, un fragmento del evangelio. De tal modo que vayamos escuchando lo que Jesús dice y hace y así podamos imitarlo. De tal modo que el evangelio nos vaya transformando interiormente. De tal modo que el evangelio vaya siendo el que opere nuestra conversión.

            · SAL DE TU TIERRA

            La primera lectura de hoy nos presenta a Abrahán como modelo a seguir en nuestro camino de conversión cuaresmal. Su actitud de ponerse en camino es un ejemplo para todos nosotros. Abrahán deja su vida, sus posesiones, sus seguridades y, sin saber dónde va, emprende el camino de búsqueda de Dios. Su confianza en la palabra del Señor es la única garantía que tiene para obedecer el mandato de Dios: Sal de tu tierra. Confía plenamente. Abrahán sabe que la palabra del Señor es sincera, como nos dirá el salmo responsorial.

            Ésta debe ser nuestra actitud cuaresmal. Ponernos en marcha dejando de lado nuestro camino, nuestras seguridades, y confiar en Dios siguiendo sólo el camino que él nos señala.

JOSÉ ANTONIO GOÑI

PROYECTO DE HOMILÍA

·   (Salir de casa)

            Nos acompaña, al entrar en la segunda semana de Cuaresma, el recuerdo de Abrahán, en el momento clave de su vida. El Señor le dice: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré”.

            Hermanos y hermanas: el pasado domingo nos proponíamos hacer de la Cuaresma un tiempo de sobriedad y de conversión. Pues bien, la conversión empieza así, saliendo de casa, es decir, saliendo de mí mismo, en la dirección que el Señor me indica. No se trata, sin embargo, de dar un salto en el vacío. La dirección que el Señor me indica ha quedado muy clara en el evangelio: la voz del Padre dijo de Jesús: “Éste es mi hijo… escuchadlo. No es fácil escuchar a Jesús cuando los sentidos incontrolados, las comodidades, el deseo desmesurado de hacer dinero, las vanidades ahogan su voz. Se trata de vaciarnos de todo esto para dejar un espacio, en mi vida, a Jesús y al Evangelio. En la oración colecta lo hemos pedido con estas palabras: “. . .con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro.”

            ·   (La otra cara de la realidad)

            Jesús había hablado crudamente a los apóstoles del futuro que le esperaba: seria traicionado, condenado a muerte, escarnecido, azotado, escupido, ejecutado… El impacto era tan fuerte que el propio Pedro no había querido aceptarlo. La otra cara de esta dura realidad era que resucitaría tres días después. Pero en la sensibilidad de los apóstoles esto quedaba tapado por la salvajada de la pasión. Jesús quiso entonces que Pedro, Santiago y Juan hicieran la experiencia de su gloria con el fin de infundirles confianza. En el Tabor les mostró la otra cara de su persona y les hizo ver que su misión se situaba en el contexto de la liberación del pueblo, liderado por Moisés, y por los anuncios de los profetas, representados por Elías. Pedro, feliz en aquel ambiente glorioso, no se habría querido mover de allí. Jesús, sin embargo, les hizo volver a la vida de cada día.

            ·   (Por una espiritualidad de transfiguración)

            Nosotros, en estas Eucaristía, adoramos la presencia de Jesús, pensamos en su cuerpo transfigurado, en su rostro de resucitado. 

            Como dice Juan Pablo  ocultamiento total, Cristo se convierte en misterio de luz, gracias al cual se introduce al creyente en las profundidades de la vida divina” (Juan Pablo II, Quédate con nosotros, Señor.

            Nosotros no dejamos que la vulgaridad de la existencia, que las situaciones de absurda apariencia, que los odios y la violencia.., acaparen nuestra visión. Existe otra cara de la realidad y la buscamos en la oración, en la lectura del evangelio, en la revisión de vida…

            Nosotros no queremos vivir una fe ácida que olvide la dimensión de la transfiguración, o incapaz de ver más allá de nuestros defectos, o de los defectos de los demás, o de los de la comunidad eclesial. Reconocemos la presencia del Señor glorioso en la pasión de cada día y esto nos hace positivos y alegres, a pesar de todo. Sabemos que Él nos ha salvado, no porque nuestras obras lo hayan merecido, sino por la gracia que nos viene de Jesucristo (cf. 2ª lectura).

            Nosotros adivinamos especialmente el rostro luminoso de Jesús en aquellos que mejor reflejan su imagen: los niños, los pobres, los enfermos, los inmigrantes, los presos, y queremos estar en especial comunión con ellos en esta Cuaresma.

JOAN CARRERA

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

NOTAS EXÉGETICAS

lectura: Génesis 2,7-9; 3,1-7a. Creación y pecado de los primeros padres.

            Los capítulos 2 ydel Génesis, como unidad literaria y teológica, constituyen un “relato de origen” de carácter mitico. Se trata de un relato sapiencial sobre el origen de la humanidad y la difícil y riesgosa relación del hombre con Dios y con el mundo.

            Se afirma el don de la vida con la imagen del “aliento” divino que hace del ser humano un “ser viviente” (Gn 2,7). Los dos árboles representan dos aspectos de Dios (fuente de vida y único absoluto) y dos formas de acercamiento humano a la realidad (vivir plenamente en obediencia a Dios o erigirse en absoluto y encontrar la muerte). La serpiente, que evoca los cultos cananeos de la fertilidad, aquí no es ni una divinidad, ni un adversario trascendente de Dios. Representa el mundo instintivo del hombre; una especie de antipalabra que distorsiona la imagen del verdadero de Dios y que simboliza el riesgo siempre posible de la ruptura con el Dios de la vida y de la libertad.

            El acto de “comer”, descrito en el relato (Gen 3,1-7), no nace de la libertad responsable de la criatura humana según el proyecto de Dios (Gen 2,16-17), sino de la fascinación egoísta y del apetito desordenado. El hombre “come” siguiendo la voz de la serpiente, deseando poseerlo todo, cerrándose así a la relación con los demás y con Dios. Por eso, al final, el hombre y la mujer se encuentran “desnudos”, desprotegidos y vulnerables el uno frente al otro (cf. Gen 3,7), y llenos de miedo frente a Dios (cf. Gen 3,10).

            lectura: Romanos 5,12-19. Si creció el pecado, más abundante fue la gracia.

            Pablo habla de la liberación del pecado a partir de la contraposición entre Adán y Cristo y la personificación literaria del pecado y de la muerte. Se afirma la entrada del pecado en la historia a partir de un hombre, la vinculación entre pecado y muerte y el drama de la propagación del pecado como fruto de la responsabilidad humana, “porque todos pecaron” (y. 12). El primer Adán (Génesis 2-3) representa a la humanidad que encuentra la muerte a causa de la desobediencia; el segundo Adán (Rom 5,12-21) es Cristo, por cuya obediencia todos se convertirán en justos (y. 19). Es central en la reflexión paulina la desproporción que existe entre el delito humano y la gracia del perdón en Cristo (vv. 15-16).

            lectura: Mateo 4,1-11. Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.

            Esta relato, de carácter teológico, ha sido compuesto y transmitido, no para informar acerca de un episodio de la vida de Jesús, sino para mostrar el modo con que el Hijo de Dios comprendió y vivió su misión mesiánica. Se quiere subrayar el hecho de la tentación en la existencia de Jesús, no el modo en que históricamente se presentó. El modo es presentado en manera antropomórfica y constituye solamente el marco narrativo.

            Jesús es “llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo” (Mt 4,1). Va al desierto guiado por el Espíritu, que ha bajado sobre él en el bautismo (Mt 3,16), como Israel fue guiado en el desierto por el Espíritu del Señor (cf. Is 63,14). Ayuna como Moisés (cf. Ex 34,28) y encarna en su propia persona la experiencia de Israel, pero la diferencia es radical: alli donde Israel no fue capaz de vivir en relación filial con Dios, Jesús confirma su condición de Hijo único de Dios a través de una relación de absoluta fidelidad.

            Las tres tentaciones son en realidad una sola. El tentador incita a Jesús a renunciar a su condición de Hijo obediente de Dios (cf. Mt 3,13-17), proponiéndole el camino de un mesianismo espectacular y triunfalista. Jesús responde a las proposiciones del tentador con la palabra de Dios, citando tres textos del Deuteronomio, que expresan y sintetizan su actitud (cf. Dt 8,3; 6,16; 6,13-15).

            Jesús, a diferencia del Adán del Génesis y del Israel del desierto, se mantiene fiel a Dios. En el desierto vive totalmente de la Palabra y del Espíritu. El Espíritu no solamente conduce al desierto a Jesús, sino que también es la fuerza divina con la cual supera la prueba y se mantiene fiel a la palabra de Dios. Se muestra así como el elegido de Dios, en cuya humanidad se revela la natura­leza de su filiación divina.

SILVIO JOSÉ BÁEZ

ORIENTACIONES

            Hace cuatro días que iniciamos la Cuaresma. No obstante debemos tener presente que para muchos cristianos el primer domingo de Cuaresma será su primera celebración cuaresmal. Por esta circunstancia en la eucaristía de hoy sería conveniente recordar de nuevo qué es la Cuaresma y cuál debe ser nuestra actitud en este tiempo litúrgico. Tampoco debemos olvidar los signos rituales propios de este tiempo que poseen gran valor pedagógico (y que explicábamos en las orientaciones para el Miércoles de Ceniza) para que la invitación a la conversión no sea sólo verbal sino que penetre en nosotros por todos los sentidos.

            * LAS LECTURAS DOMINICALES DE CUARESMA

            Además de poner de relieve el sentido y los objetivos de la Cuaresma y de mostrar su espíritu a través de sus signos litúrgicos, hemos de advertir que cada ciclo litúrgico posee una temática específica que se despliega de manera progresiva a través de las lecturas bíblicas que tienen asignados cada uno de los domingos, en nuestro caso el ciclo A.

            Las primeras lecturas de los cinco domingos de Cuaresma nos presentan un recorrido por los momentos fundamentales de la historia de la salvación veterotestamentaria: orígenes, Abrahán, Éxodo, tierra prometida y profetas. Así, de modo progresivo, nos preparamos para el culmen de esta historia salvífica: la muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios, por nuestra salvación.

            Las segundas lecturas formulan el misterio pascual y la participación de los creyentes en él.

            Los evangelios de los dos primeros domingos de Cuaresma, comunes a todos los ciclos pero de distinto evangelista, nos muestran el camino cuaresmal y el fin hacia el que se dirige el camino. El de hoy nos presenta el camino cuaresmal: la penitencia. El del próximo domingo la meta: contemplar al Cristo glorioso, al resucitado. Los evangelios de los domingos restantes, tomados de san Juan, tienen, en este ciclo A, un sentido netamente bautismal. Son los evangelios que en la tradición cristiana constituían la base de la preparación de los catecúmenos para recibir el bautismo: la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Cristo agua que sacia nuestra sed (diálogo con la samaritana), Cristo luz que ilumina nuestro camino (curación del ciego de nacimiento), Cristo vida nueva que nos transforma nuestra vida (resurrección de Lázaro) son los dones que recibimos en el bautismo. El agua, la luz y la vida nueva también estarán muy presentes en la Vigilia Pascual.

* LA CONVERSIÓN

            El objetivo de la Cuaresma es la conversión, nuestro retomo a una vida cerca de Dios y según Dios. Conviene conocer y plantear bien el fin del camino cuaresmal para que cada creyente pueda poner los medios oportunos para conseguirlo. Esta conversión nos permitirá avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud (oración colecta). Una conversión que pasa por el ejercicio de la penitencia.

            El evangelio de hoy nos muestra a Jesús como modelo y ejemplo de nuestra penitencia. Y también nos manifiesta que el agente de nuestra conversión tiene que ser el Espíritu. Nosotros, sólo con nuestras fuerzas, no podemos volver a Dios. Así lo dice la plegaria 1 de la reconciliación: cuando nosotros estábamos perdidos y éramos incapaces de volver a ti (plegaria que se puede utilizarse en este tiempo pero con el prefacio propio de Cuaresma). Es el Espíritu quien nos convierte a Dios en nuestro desierto cuaresmal. Del mismo modo que fue el Espíritu quien impulsó a Jesús al desierto para sus cuarenta días de prepa­ración penitencial antes de comenzar el anuncio de la Buena Noticia: Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu (evangelio).

            Y el mismo evangelio abre tres puertas por las que el Espíritu puede acceder a nuestro corazón: ayuno, oración y limosna. Las tres tentaciones que escuchábamos en el evangelio se vencen con estos tres medios.

·   Haz que estas piedras se conviertan en panes. La primera tentación, vivir dominado por los deseos físicos del cuerpo, se vence con el ayuno. El ayuno nos hace poner en su sitio los placeres terrenales, dejando así espacio en nuestro corazón al Espíritu que nos dirige hacia las realidades que son verdaderamente importantes. No sólo de pan vive el hombre.

· Si eres Hijo de Dios, tírate. La segunda tentación, la desconfianza hacia Dios, se vence con la oración. La oración nos hace desterrar el deseo de controlar y manejar nosotros a Dios, dejando así espacio en nuestro corazón al Espíritu que pone confiadamente nuestra vida en manos de Dios para que sea él quien nos gobierne. No tentarás al Señor tu Dios.

· Todo esto te daré. La tercera tentación, el deseo de poseer bienes terrenales, se supera con la limosna. La limosna nos hace ser desprendidos y que no endiosemos los bienes materiales, dejando así espacio en nuestro corazón al Espíritu que nos conduce hacia el único Dios que debe dominar nuestra vida. Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto.

            Así, en la medida que dejemos espacio en nuestro interior al Espíritu Santo, el mismo Espíritu irá operando en cada uno de nosotros la conversión que pretendemos a lo largo de la Cuaresma, llenándonos cada vez más con la vida que procede de Dios.        

JOSÉ ANTONIO GOÑI

PROYECTO DE HOMILÍA

·   (Cuaresma, una cultura de la austeridad y de la conversión)

        Ya es Cuaresma, hermanos y hermanas. Eso quiere decir que la Pascua ya está cerca. Nos preparamos para ella desde ahora. El punto culminante de todo el año litúrgico será la noche pascual: entonces actual¡zaremos nuestro Bautismo, rejuveneceremos nuestra fe cristiana, dejaremos que nos inunde plenamente la alegría de la resurrección…

        Para que todo esto no quede en pura teoría, entremos ahora en el ejercicio cuaresmal. Un ejercicio que podemos concretar con dos palabras: austeridad y conversión.

        La cultura de la austeridad no está de moda. Tampoco la de la reforma de los comportamientos personales… Más bien tendemos a querer resolver los problemas sin molestar, quiero decir eludiendo el esfuerzo personal y la vía educativa: contra el incivismo de ensuciar las calles.., más barrenderos; contra la inseguridad ciudadana… más policía. La Cuaresma va por otro lado: prioriza el cambio de la persona, quiere hacernos mujeres y hombres nuevos, nos propone participar, desde ahora hasta Pascua, en un gran proyecto de conversión.

            ·   (No se trata, sin embargo, de un simple voluntarismo)

            El camino de la conversión no lo hacemos solos: tenemos un Salvador que nos acompaña. Es uno de nosotros, un hombre, y a la vez es Dios con nosotros. Él ha vencido el pecado y la muerte, nuestro pecado, nuestra muerte. En estas semanas cuaresmales le contemplaremos, a través del evangelio, y nos daremos cuenta de cómo es la respuesta a nuestros interrogantes más profundos, de cómo la suya es una historia de amor a la que quiere integrarnos. Quizás alguna vez, después de la proclamación del texto evangélico, pensaremos: ¿quién es capaz de seguirlo? ¡Atención! La nuestra no es solamente una celebración de la Palabra. Después de la Palabra viene la Eucaristía: con el pan de la comunión el Señor nos hace capaces de llegar a donde, solos, no podríamos. Él viene a ser como el sol; nosotros, como la ventana abierta que lo deja entrar. Por poco que abramos, nos ilumina. Eso es el ejercicio cuaresmal: abrirnos a su salvación.

·   (Tentado como nosotros)

        Es uno de nosotros, os decía… y el evangelio de hoy nos lo muestra en una proximidad impresionante. No tiene pecado, cierto. Es aquel único justo, “la justicia del cual traerá a todos la justificación y la vida” (2ª lectura). Pero se nos acerca hasta llegar a las cercanías del pecado: pasa por las tentaciones. Y las vence, para que no nos desanimemos en las nuestras, sino que apren­damos de El a superarlas. Fueron tres las tentaciones de Jesús.Y se pueden resumir en una: la tentación de inventarse una vida propia, de gratificaciones primarias, al margen de la misión que le ha confiado el Padre.

            La tentación de cambiar las piedras en pan. Jesús tiene hambre, después de un largo ayuno. ¿Por qué no hacer ahora lo que hará un día con la multiplicación de los panes y los peces? Pero entonces lo hará para alimentar a otros. Ahora sería en beneficio propio… La respuesta es: “No sólo de pan vive el hombre”. ¿No os lleva a pensar esta tentación en las nuestras de subordinarlo todo a los intereses egoistas?

            La tentación de querer que Dios ponga su poder para nuestro beneficio: Tírate abajo, Dios enviará a los ángeles que te sostendrán en sus manos. Jesús responde: “No tientes al Señor, tu Dios”. ¿No os lleva a pensar esta tentación en tanta religiosidad de lucimiento… o en algunas formas de pedir cosas a Dios que parecen órdenes más que súplicas?

            La tercera tentación es la ambición. Te lo daré todo… a condición de que me adores. La respuesta de Jesús es: “Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. ¡Cuántas cosas también a nosotros se nos ofrecen, a condición de hacer callar la conciencia y claudicar!

            Jesús, nuestro Salvador, vence. Nosotros queremos seguirle. Entremos de corazón en el ejercicio cuaresmal: al final, los ángeles de la Pascua vendrán a abastecernos.

JOAN CARRERA